SIGUIENDO LA HUELLA
Divertido. Compañero. Leal. Sensible. Profesional. Todas estas cualidades servirían para trazar las características de Patricio Di Palma, el morocho de Arrecifes que naciera un 20 de junio de 1971 fruto del amor de Luis Rubén Di Palma y María Cayetana Picoy Lo Valvo.
Formado en la mayor dinastía fierrera del país, el “Pato” (o el “Negro”) mamó desde joven su amor por el automovilismo. Claro, teniendo como padre a uno de los mayores ídolos del deporte nacional, no era difícil asegurar que Patricio (como el resto de sus hermanos) llevaría nafta en lugar de sangre.
Por ofrecimiento de un amigo, se subió a un auto de la Fórmula Renault Bonaerense 850 a los 19 años y así comenzó a desandar su camino dentro del automovilismo. Extrañamente, pocas veces lo hizo bajo el ala de su padre. Es que el mismo Patricio siempre buscó ganarse el reconocimiento del público por su talento y no por ser “el hijo de...”. Tal vez fue el camino más largo... pero es el forjado de la mejor manera.
Tras debutar un 30 de septiembre de 1990 en la F.R. Bonaerense, a los pocos meses hizo pie en el Stock Car. Luego llegó su paso por el recordado Supercart, el debut en Turismo Carretera (el 7 de mayo de 1995 con una Chevy en Buenos Aires) y sus participaciones en el Superturismo Sudamericano (Copa de las Naciones) y un par de presentaciones en la Copa Toyota de Chile. Más acá en el tiempo, y con un prestigio ganado gracias a triunfos, maniobras y personalidad, compitió en Top Race y Turismo Nacional.
En cada divisional en la que corrió dejó su sello. Su marca. Sin embargo, su credencial de ídolo la recibió el 11 de mayo de 2003 cuando ante un repleto “Oscar Alfredo Gálvez” de la ciudad de Buenos Aires se impuso en una épica competencia de Turismo Carretera a bordo del Torino que armó su padre (y que Patricio terminó de construir) regalándole a la hinchada del “Toro” su primer triunfo en 28 años.
Hoy, el Pato es uno de los mejores pilotos del automovilismo nacional. Se ganó su lugar en ese selecto grupo. “Tengo cuatro hijos con mi sangre, con el apellido Di Palma, que darán lucha por mucho tiempo en el automovilismo. Eso me basta para sentirme satisfecho y orgulloso”, afirmó el “Viejo” Di Palma poco antes de morir. Es así. |