Por Raúl Gattelet
LOS APELLIDOS DEL ÉXITO
Con la invitación de Oreste Berta hijo a Patricio Di Palma para la competencia de TC2000 del próximo 31 de octubre, se volvieron a abrir un sin fin de recuerdos para todos aquellos que hoy ya peinan algunas canas. La conjunción Berta – Di Palma dejó marcada una época, más allá de los logros deportivos. La unión de estas dos personalidades tan disímiles en algunos aspectos como así también tan equivalentes en otros, permitieron abrir una relación de trabajo y amistad que encendieron una llama, la de la pasión por el automovilismo…
ORESTE BERTA – RUBÉN LUIS DI PALMA, una sociedad para el éxito
A partir del ingreso del Chevitú, en 1964, el Turismo Carretera sufrió una importante transformación. Lentamente, las cupecitas dejaron paso a los modernos automóviles. Y, precisamente, un histórico de la categoría, Oscar Alfredo Gálvez, advirtió premonitoriamente : ‘Se trata de un monocasco; ésos son los autos de ahora'” . (Historia Deportiva del Automovilismo Argentino).
Más tarde, en 1967, fueron los Torino de Berta quienes confirmaron la avanzada del Chevitú y de los Falcon en la categoría. Hasta allí, el joven Luis Di Palma, con 22 años, adecuaba su cupé a las nuevas exigencias del TC. Primero, reemplazó el motor Chevrolet por un Valiant. Después, un Ford F 100 se instaló en las entrañas de la cupé Chevrolet del arrecifeño. Sin embargo, los buenos trabajos parciales se quebraban por los frecuentes abandonos. El último, el 3 de setiembre, en el Triángulo del Oeste. Entonces surgió la posibilidad del cambio por un automóvil de avanzada.
“Yo a Berta no lo conocía, lo había visto una vez pero no sabía quién era (había estado con él en la carrera de San Pedro, de 1967). Lo cierto es que cuando llegué, Oreste estaba con otro flaco que era director de Ika; todavía era una compañía americana. Me mostraron el Torino. Estuvimos un rato charlando y me dice: ‘Este auto es para vos' – Pero mirá que no tengo un mango… -‘No te hagás problemas: este es el auto tuyo'.
Con tan colorida pincelada, recordaba Rubén Luis Di Palma su primer contacto con Oreste Berta, cuando le compró al Mago de Alta Gracia la Liebre 1 que había corrido Eduardo Copello (septiembre de 1967). Fue el primer acercamiento entre Berta y Di Palma, una sociedad para el éxito.
Imaginariamente, retrocederemos en el tiempo para ilustrar algunas de las líneas que se escribieron sobre el famoso binomio deportivo:
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“A principios de este año el motor Tornado no tenía aparentes posibilidades de repetir sus performances de 1967-68. Sin embargo Oreste Berta pontificaba desde Alta Gracia: ‘Ya verán que nuestro cuatro bancadas todavía es un motor ganador' y Luis Di Palma era una de las pocas personas que lo acompañaba firmemente en el convencimiento. Por otra parte, el preparador se predisponía cada vez más a favor del piloto porque aparte de gustarle su estilo de manejo, día tras día comprobaba complacido que el joven Luis es un tipo de acción y si había que desarmar un motor lo desarmaba y si era necesario montar un sistema de suspensión lo montaba y que cuando hacía falta pasarse dos noches sin dormir allí se las pasaba el ex beatle. No es extraño entonces que Oreste Berta le haya entregado a Di Palma los mejores frutos de su trabajo. Fundamentalmente no es extraño porque aparte de beber en las mismas fuentes técnicas y de tener la misma impresionante capacidad de trabajo, tanto uno como otro se aplican mutuamente, sin condiciones de ningún tipo, ese monumental sentido de la amistad generosa, desinteresada, total, que han elaborado desde siempre. La amistad entonces ha sido el artífice de la serie triunfal que Luis Di Palma comenzó este año en la segunda carrera del autódromo de Maggiolo. Si el episodio de Nürburgring no hubiera sido suficiente para demostrar que el revolucionario se había convertido en un piloto de smoking y cuello duro, la teoría se terminó de demostrar ampliamente con la cadena de aciertos maduros, bien pensados, elaborados casi con solemnidad luego de su regreso a la Argentina” (…) –El Gráfico especial Nº 19, de 1969.
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“(…) La carrera de Allen, donde Di Palma y el veterano maestro (Copello) fabricaron un memorable rueda a rueda perfectamente resuelto a su favor por el joven arrecifeño, abrió la posibilidad de que el ‘TC-B' se convirtiera en una fórmula de lucha. Pero el episodio cordobés del fin de semana pasado derritió todas las esperanzas de que ello sucediera realmente. Berta y Di Palma, el binomio preparador-piloto de mayor efectividad en el automovilismo argentino, se ha propuesto evidentemente apropiarse también de esta especialidad, y por lo visto no les va a dar demasiado trabajo conseguirlo” (El Gráfico Nº 2648 del 7de julio de 1970).
“ Quinta victoria consecutiva en SP…
Segundo triunfo sobre un Porsche 908…
Ganador de la clasificación, de las dos series, de la carrera… Autor del Récord.
Claro puntero del campeonato…
¡Basta, Di Palma..! (Carlos Marcelo Thiery, El Grafico Nº 2705 del 10 de agosto de 1971 en referencia al triunfo de Rubén Luis Di Palma, en el autódromo de Las Flores. El arrecifeño ganó en 1h06m09 segundos a 200,811 km/h).
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